1 DE JUNIO DE 2016 ZARPAMOS RUMBO A ALICANTE
DE CUANDO LA DIOSA FORTUNA SALVÓ EL BARCO


Listo y arranchado el barco, mi hermano Iñigo, mi hija Alexandra y yo, el 1 de Junio por la mañana, zarpamos de Guardamar hacia Alicante.

Soplaba un viento de levante suave que no era el mas idóneo para el rumbo que llevábamos. El mar estaba algo movido. Mi hermano soltó un aparejo de curricán sin que pescáramos nada. Izamos velas y nos arrumbamos al cabo de Santa Pola.







Al pasar por delante de La Marina, divisamos una familia de delfines que conseguimos grabar en vídeo.


Llegando al Cabo de Santa Pola, con el viento de proa, sin mucho tiempo por delante, decidimos poner motor para evitar grandes trasluchadas y estar a tiempo en Alicante para que cada uno cumpliera con sus obligaciones.

Al cabo del rato nos llegó un olor a metal quemado, y el pobre motorcito un Faryman de 10 cv pasó a mejor vida. El termostato se había fundido y se pegó un gran calentón.

Estando las cosas así, decidimos por seguridad volver a vela al puerto base (Guardamar), ya que el viento nos era propicio para el arrumbamiento y la entrada a la marina por el río Segura. El Levante y la mar habían arreciado.

Las situaciones a veces no se pueden conjurar de manera peor. Entrando por el canal de la desembocadura del río, con oleaje y viento de popa, se soltó la rueda del timón. Inmediatamente pusimos la caña de respeto, pero por la presión en las mangueras del hidráulico y al no tener instalada una válvula de despresurización, el barco no se podía gobernar.

Arriamos velas, y el oleaje nos dirigía directamente a la escollera de la rivera norte de la bocana. Corriendo acudí a la proa, saque el ancla del pozo de cadenas y la arrojé `por la banda de barlovento. Gracias a Dios, el ancla agarró en el fondo fangoso del río, deteniendo el avance del barco a escasos metros de la escollera donde veíamos romper las olas.

Pedimos ayuda por radio a la Marina de Guardamar. Rápidamente acudieron unos marineros con un bote con un pequeño fueraborda que no tenía fuerza suficiente para remolcar el barco en contra de la corriente del río. En ese momento aparecieron en una gran neumática, los trabajadores de la planta de Cultivos Marinos. Nos lanzaron un cabo, nos remolcaron con seguridad al puerto, donde quedamos atracados.

Acabamos esa mañana los tres comiendo un menú en el Club Náutico, felicitándonos porque la Diosa Fortuna nos sonrió ante los nefastos acontecimientos acaecidos durante aquella primera navegación.

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