CURIOSIDADES: La Llamia de Tabarca

DE CUANDO LA LLAMIA TABARQUINA EXCLAMÓ: ¡ LLAMIA SOY...!

De niño oía relatos de los avezados marineros tabarquinos, sobre un monstruo marino de enormes dimensiones, gran voracidad y agresividad, nombrado en voz baja y con respeto, conocido como "La Llamia". De hecho, según contaban, la sola mención de su nombre en alta mar, invocaba la inmediata aparición de la Llamia, con el consiguiente desastre.

Raro era, que un encuentro del marinero con este Leviatán de los mares, no acabara con dicho marinero en el buche del monstruo, y con su embarcación en el fondo del mar.

Longevo y viejo como el tiempo, de tanto recorrer los mares, su cuerpo estaba cubierto de capas y capas de caracolillo, lo que le otorgaba un aspecto rocoso y de consistencia pétrea. Con sus enormes fauces, podía tragarse un "Llaud" de un solo bocado.

Recuerdo que, embobados, escuchábamos a Cayetano Ruso, contarnos el caso acaecido a unos marineros que se hallaban de pesquera en alta mar lejos de la costa.

Ocurrió que tras varias jornadas de navegación, un día de calma blanca, a las horas del mediodía, unos pescadores divisaron en el horizonte una pequeña islita, mas bien un escollo. Decidieron acercarse y atracar en el, con la idea de cocinarse "el caldero" en tierra firme y comérselo allí, sin sufrir los vaivenes marineros de su embarcación.

Con leña encendieron un fuego, y cuando este comenzó a bien arder y calentar, sintieron un gran estruendo bajo sus pies, semejante a un terremoto. Asustados, abandonaron la islita, caldero, arroz y pescado, y se dirigieron inmediatamente al barco, escondiéndose en lo más profundo de la bodega.

Resulto ser, que aquel islote perdido, era una Llamia durmiendo al calor del sol de mediodía, y al sentir el fuego abrasador en su lomo, se revolvió bruscamente como exclamando, según contaba Cayetano Ruso en aquel momento álgido del relato,: ¡ Llamia soy...!.

La suerte para los marineros fue que la Llamia se sumergió rápidamente en las profundidades para refrescar su ardiente espalda, olvidándose de los cocineros frustrados, y estos pudieron llegar sanos y salvos a tierra, donde relataron lo vivido.


Hay que retroceder sesenta años, para encontrarnos con la crónica de la captura del más enorme monstruo marino, que fue directamente relacionado con La Llamia Tabarquina, en la noticia que salta a la primera página y continúa en la 5 del Diario Información de Alicante, con fecha 11 de agosto de 1946, y reseñas en la prensa nacional (ABC, página 34 del 11 de agosto; La Vanguardia, página 4 del 11 de agosto), con el titular «Monstruo marino capturado en Tabarca», muy bien documentada incluso con testimonio fotográfico de Francisco Sánchez, una de cuyas fotos acompaña la noticia.
Y como menciona en sus páginas la Revista Canelobre n.º 60, Invierno 2012 del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert en su artículo La almadraba de Tabarca: un medio de vida entre la historia y la leyenda: ". .... pero lo que queda evidente, a la vista de la descripción escrita y las más que demostrativas fotografías de Paco Sánchez, es que «llamia» no es más que la denominación en el argot marinero valenciano del tiburón blanco, también denominado jaquetón en nuestras aguas...."



La diferencia entre un Tiburón Blanco, a pesar de no ser una captura habitual, y la Llamia, cuya descripción se ha transmitido de padres a hijos durante generaciones, es bastante evidente para un marinero tabarquino, nacido, criado, y viviendo del mar.

Y resulta improbable que se confunda a este tipo de Tiburón con una Llamia, asi como también es igual de improbable que unos marineros timoratos, atraquen en un islote desconocido en medio del mar, para cocinarse un caldero.
¿O tal vez no?.

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