CURIOSIDADES: La Verdadera historia de la Cova Llop Marí

LA VERDADERA HISTORIA DE LA COVA DEL LLOP MARÍ 



Recuerdo perfectamente aquella mañana del mes de Agosto, en la que tendría alrededor de los 13 años, cuando Pepe Pianelo, bogando en su pequeño llaud de apenas cuatro metros, nos conducía a mi padre y a mí, a conocer la misteriosa “Cova del Llop Marí”, de la Isla de Tabarca.

En el sollado del barco se encontraban nuestras gafas y aletas, y en la voz de este marinero se escuchaba la verdadera historia de los extraños acontecimientos sucedidos en la época de sus abuelos, transmitidos con respeto de manera generacional, y que dieron lugar a la “Leyenda de la Cova del Llop Marí”. Nada tiene que ver este extraordinario relato, con lo que algunos escritores alicantinos bienintencionados, nos han hecho creer que fue el hallazgo de una pareja de “Focas Monjes”.
Antes de nada os hablaré de la foca monje, de las cuevas de los lobos marinos, y por supuesto de la dimensión personal de Pepe Pianelo.


La foca monje recibió este nombre, porque por su timidez y costumbre de criar en pareja, buscaba los recovecos y cuevas del litoral donde guarnecerse, para sobrevivir del ataque de sus predadores naturales y poder parir a sus crías con seguridad y tranquilidad. Como el monje, buscaba tranquilidad y aislamiento, y sin ser una especie especialmente prolífica, habitaba en todo el litoral de la cuenca mediterránea. Tenían tendencia a refugiarse siempre en las mismas cuevas.

Los marineros las conocían perfectamente, sabían que eran capaces de romper sus más elaboradas artes de pesca y que la cantidad de pescado que necesitaban para su subsistencia, hacía imposible que se pudiera obtener alguna captura decente en los alrededores de donde se encontraban estos animales. Motivo cruel que llevó a su caza indiscriminada y casi a su extinción total. No juzguemos al pescador, su familia dependía de su habilidad pesquera, y azares malditos como el viento, temporales de mar, y criaturas como estas, constituían la diferencia entre ver crecer a sus hijos, o que el hambre más atroz los consumiera sin esperanza.



El hombre de mar, reconoce a las distintas especies marinas, con lo que diferencia perfectamente lo que es una foca monje de lo que no lo es.

¿Era la Cueva del Lobo Marino de Tabarca la única existente?. Por supuesto que no. Existen en nuestro cercano litoral dos cuevas conocidas con este mismo nombre, una en El Campello, y otra en Xávia, y fueron llamadas así, porque también eran refugio de estos animales, que por desgracia sufrieron el mismo final. Probablemente existan otras cuevas con igual nombre, tanto en el litoral catalán, como en el andaluz, o más allá, en otros mares.

Y como dato final, La Cova del Llop Marí era nombrada así, mucho antes de los extraños acontecimientos que dieron nombre a la Leyenda. Se puede observar en planos y mapas antiguos de L´Illa, que a este lugar se le denominaba con este nombre.

¿Y qué fue lo que ocurrió tan sorprendente e increíble, que generó esta “leyenda”?.

Primero quisiera hablaros de Pepe Pianelo….
Remando con maestría, el pequeño llaud de Pepe, avanzaba cortando el mar como un cuchillo. Cuando doblábamos la “Punta del Bol”, le dijo a mi padre: ….”ché Juanito, en poder, me haré con una embarcación a motor, se acabarán estas penalidades del remo, y podré ir a calar un poco mas lejos”……La vida no se había presentado fácil para este gran hombre. Talla media y fornido, la bondad y amabilidad personalizada, pelo negro abundante y anillado, y unas varices precoces que le llevaban a mal traer. Su familia no era de las más pudientes de Tabarca, y un Dios Menor toco a su hijo varón, otorgándole para siempre la inocencia reservada a los buenos de corazón. Empleado como jardinero por el Ayuntamiento de Alicante y con pequeñas pesqueras al alcance de su embarcación, conseguía un más que meritorio sustento para su familia. Un gran hombre hecho de madera de mar, y así es como lo recuerdo.

Llegados a este punto comienza la increíble narración que estáis esperando, ávidos y curiosos lectores.

Corría el final del siglo, sentados los marineros en el Jardinet, primero como un susurro y después como conversación, se escuchó hablar de una extraña criatura que merodeaba alrededor de la Cova del Llop Marí. Nadaba con furia y desespero, describiendo semicírculos alrededor de la cueva, sin separarse de ella mas de 200 metros, como si quisiera evitar que alguien se acercara y protegerla de posibles peligros.

Lo mas curioso era su aspecto. Las descripciones de los marineros variaban entre sí. La criatura parecía ser tímida y cuando se sentía acechada inmediatamente se zambullía, quedando fijada en la retina del observador una imagen muy difusa de su fisionomía.

Todos coincidían en un punto; al sumergirse dejaba entrever una gran cola grisácea cubierta de escamas, rematada por una aleta transversal de media luna, semejante a los “búfanos” (en tabarquino) o delfines (en castellano). Pero donde no había acuerdo, era en la forma de la mitad superior de su cuerpo. Algunos decían que tenía brazos rematados en manos palmeadas con 3 dedos de largas uñas. Otros decían que su cabeza semejaba a la humana, con orejas puntiagudas y branquias detrás de ellas, con dos pequeños orificios donde se sitúa la nariz. Y los mas atrevidos comentaban que el torso superior de la criatura era un hombre.

Era Invierno en L´Illa.

“¡¡ Lobo Marino !!”, exclamó una tarde en el Jardinet, un marinero avezado y arrugado por mil Levantes. “Lobo Marino no.....Sirena”, susurró otro patrón del mar curtido por el agua y la sal, “Yo lo he visto...”

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Inmediatamente estas opiniones de dos venerables y respetados hombres de mar, generaron una polémica de si es esto, no es esto, no puede ser, es posible, existen, cuentos de abuela, ya oí hablar de ellas, son las focas que han vuelto, etcetra, etcetra. ¿Y que era lo que tan celosamente guardaba o protegía en el interior de la cueva?. Esta cuestión despertó la suspicacia y curiosidad de los marineros. Alguno habló de un gran tesoro.....

La situación duraba ya alrededor de una semana. Cierto día por la tarde se juntaron tres en el bar de Pepet en el Carrer d´en Mig, y tras unos largos vasos de vino se decidieron a averiguar que escondía la cueva y que hacía allí ese ser. Uno, vigilaba arriba de la muralla el ir y venir de la criatura en sus círculos natatorios. Los otros dos, a través de una oquedad que se encuentra en la parte superior de la cueva al pié de la muralla, ayudados con cuerdas se deslizaron en su interior.



Avanzaron con el agua por las rodillas hasta el fondo, y con la luz mortecina del atardecer, vislumbraron lo que no olvidarían en sus vidas. Al final, en una pequeña playa de piedras, yacía un ser mitad mujer y mitad pez. Su aspecto era malo a su entender, tenía los ojos cerrados, la piel pálida, la cola deslustrada y dañada, y respiraba con mucha dificultad. Y lo mas sorprendente era que entre sus brazos y apoyado en sus senos, sujetaba con fuerza a una pequeña criatura semejante a ella, inerte y que aparentemente había muerto. Sintieron un escalofrío, y al momento oyeron el silbido de alerta del compañero vigilante en la muralla. La criatura volvía a la cueva. Corrieron y treparon por las cuerdas saliendo al exterior. Contaron su hallazgo a todo el que quería oír y escuchar, y todos supusieron que esta pareja con su cría, enfermos o atacados por algún depredador, se refugiaron en la Cova.

Esa misma noche, en el exterior de la cueva comenzaron a escucharse aullidos desgarradores de dolor y muerte, e inmediatamente lo supieron. Su hembra, su pareja había fallecido.

Dos días duraban ya los gritos y lamentos del sireno, ya no salía al exterior. Los Tabarquinos conmovidos por este dolor no sabían que hacer para ayudarlo. He hicieron lo que hacían siempre, calar una red alrededor de la cueva para poder atraparlo, e intentar socorrerlo aunque todavía no sabían como. De una manera trágica surtió efecto.

Durante la noche, el marinero que se encontraba de guardia en el bote amarrado a una de los extremos del arte, sintió unos fuertes tirones en la red. Alertó a gritos a sus compañeros y comenzaron con presteza a “salpar”. En la mitad de la red, enmallado, se encontraba un gran bulto. Fueron desenredando las capas de hilo y al acceder a la bolsa se encontraron con la criatura muerta. En su desesperación se había lanzado con tal fuerza contra la red, que rompió la malla y quedaron atrapadas sus branquias con el hilo. Murió asfixiada. Murió, o se suicidó, nada la retenía allí.

Las sorpresas no terminaron ahí. Al día siguiente, en cónclave marinero, se decidió llevar a las dos criaturas a Alicante, donde se encontraba la autoridad. De la pequeña cría no se encontró rastro y supusieron que había sido víctima de los depredadores. Zarparon en un llaud, y a su llegada al puerto atracaron frente a la Comandancia. Comunicaron su hallazgo, y al poco tiempo se presento una pareja de guardias uniformados y con galones. Se hicieron cargo de los cuerpos, y dijeron que su destino era disecarlos y exponerlos en el museo.

Nunca se expusieron en ningún museo. Nunca mas se supo de ellas. Nunca mas se habló de estas criaturas. Comenzó a narrarse que en Isla de Tabarca se habían atrapado dos ejemplares de foca monje, los últimos de su especie en el litoral Alicantino. Esta noticia tapó la verdadera.

Pero los que vivieron aquellos extraordinarios momentos, sabían la verdadera historia que dio pié a la “Leyenda de la Cova del Llop Marí”.

Y yo lo sé, porque un mes de Agosto me lo contaron.


FIN

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